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SINART, 25 AÑOS


El Sistema Nacional de Radio y Televisión (SINART) está cumpliendo por estos días un cuarto de siglo de funcionar. Fue en la administración del Lic. Rodrigo Carazo Odio que este combo de comunicaciones empezó a caminar, aunque su ley o el decreto de creación fue aprobado en el gobierno del Lic. Daniel Oduber Quirós.
Del SINART habrá que hablar de antes y después de Miguel Salguero, Presidente de su actual Consejo Ejecutivo, quien trabaja sin cobrar salario alguno y dentro de un concepto de ejemplar austeridad, excluidos por supuesto –en su persona- los viajes al extranjero.
A partir de Miguel Salguero se da el orden, el rumbo acertado, administración sin gritos ni personal humillado. Ahora se ve una política administrativa sin despilfarros, de saneamiento en sus finanzas (gracias en buena parte a Ley aprobada por los diputados y refrendada por el Gobierno de Pacheco) y lo mejor de todo: la seguridad de que Costa Rica seguirá contando con medios culturales en su ámbito de las comunicaciones, pues hubo una época en que el fantasma del cierre rondó por esta institución.
Prácticamente moribundo recibió Salguero el SINART, con una deuda superior a los $4 millones (imagínense, un bejuco de unos 1.500 millones de colones). Los alcances de esas obligaciones se están readecuando o atendiendo en forma seria, con miras a ser canceladas. La deuda se origina en muchos desaciertos. Uno de los más locos o torpes fue adquirir programas extranjeros a elevadísimos costos, por los que había que pagar miles de miles de dólares. Otro fue la mentalidad pulpera de hacer programas sin el apoyo publicitario, esencial en todo lo que tiene que ver con la prensa. Entonces de los propios recursos del SINART se sacaba el dinero para pagar a sus conductores más los gastos de producción de esos espacios particulares. Se llegó a una situación crítica de atrasos en salarios y cuotas patronales. Tampoco se pagaron muchos programas comprados en el exterior.
Llegó Miguel Salguero –a quien solo le conocíamos sus dotes de escritor y periodista, de folclorista y cineasta- y la situación cambió. Se empezaron a sanear las finanzas, primordial en toda empresa. Incluso se llegó a un arreglo con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) para empezar a honrar las obligaciones de tipo social.
Y tal vez, lo más importante aparte de las finanzas, es la esencia plural que hoy se le puede apreciar al SINART, pues dejó de ser un aparato unido con cordón umbilical con la Casa Presidencial, en lo que a libre expresión se refiere. Actualmente se emiten espacios independientes, sin costo alguno para el SINART –y por extensión, sin costo para el Estado- desde los cuales la crítica al Gobierno se manifiesta en forma abierta, como debe ser en una democracia. Por ejemplo, Otto Guevara, quien fue uno de los mejores diputados de los últimos 50 años, pone el dedo en la llaga, allí donde más le puede doler a quienes forman parte del actual Gobierno, con sus comentarios usualmente acertados y en defensa de la ciudadanía. Ya solo ese detalle es mucho decir en un país donde abundan los agachados, principalmente si tienen compromisos o ambiciones políticas con el partido en el poder. Porque es cierto que desde administraciones pasadas voces contestarias hicieron tribuna por Canal 13, pero sus conductores cayeron en dos extremos: ser excluyentes (por lo general solo invitaban a participar a representantes de determinados sectores, o a sus allegados ideológicos) y acomodarse con el gobierno de turno.
Al SINART hay que desearle prosperidad y larga vida, y debemos brindarle todo tipo de apoyo.